...y mandaste a la chingada la almohada de la amistad y me envolviste entre tus piernas, me adornaste el cuello con el regalo de tus brazos, clavaste tu oído en mi pecho y se contaron secretos… secretos que ahora ninguno de los dos me quiere decir, y yo me encuentro un poco celoso, estoy celoso. Por que de esa cosa que es tan intima entre ustedes dos a mi me gustaría formar parte, pero seria una imprudencia el quererme introducir en medio, un chaperón indeseado, un inconveniente; y eso lo entiendo, lo entiendo muy bien. Y me alejo y los observo tener intimidad, perderse en la noche, morirse de calor y eso me hace respirar mas fuerte, retener el aliento, volverlo a soltar y repetir.
No se si alguna vez te lo había dicho antes, aunque es muy probable que ya lo haya hecho. Por que contigo es como si me vaciara cada vez que me volteas a ver, me vuelvo traslucido, casi inexistente de cuerpo cuando me desintegras con los ojos mas grandes, con la sonrisa mas deseada… ya se, ya se, meto mucho los ojos en todo esto, en siempre. Pero es que si tu pudieras percibir lo que mi universo percibe cuando se encuentran con ese pedazo tan sagrado de tu cosmos. Probablemente debería de dejar de escribir de otras cosas y dedicarle el relato entero a los mundos que se crean y se destruyen entre los párpados que se cierran y se abren en ese vaivén ligero de carga pesada por la inmensurable cantidad de pestañas que están suspendidas al rededor de esos soles. Y es que cuando comenzamos a hablar de ellos, realmente se nubla la perspectiva, se obtusa la creatividad. Y llega el punto donde nada mas importa, nada es realmente mas importante sabes, por que es ahí donde te encuentro mas adentro, es ahí donde me encuentro refractado de regreso y por un momento, hasta podría creer que formo parte de tus adentros…
¿Que era exactamente lo que te estaba contando? ¡Oh si, ya recuerdo!… de besos verdes y de besos violetas...
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